Ayer, 1 de julio de 2013, los servidores de Google Reader se apagaron para siempre. Han pasado ocho años desde que escribí en este mismo blog sobre mi migración a esta herramienta, y su muerte me duele más que la de cualquier otro software. Google dice que "el uso ha bajado", pero todos los que estamos en el ajo sabemos la verdad: Reader no encajaba en su estrategia social para forzarnos a usar Google+.

Se acabó. He exportado mi archivo OPML con más de 300 suscripciones (blogs de programación, cómics web, noticias técnicas) y he migrado a un servicio llamado Feedly que sinceramente no lo va a sustituir. Pero más allá del trauma del usuario, el asesinato de Reader marca un punto de inflexión técnico y filosófico en cómo consumimos internet.

La belleza del protocolo RSS

Para los desarrolladores, la tecnología detrás de Reader era un poema a la web abierta: el protocolo RSS (y su hermano Atom). Es simplemente un archivo XML estandarizado que cualquier sitio web puede publicar para listar sus últimas actualizaciones.

No hay un algoritmo oscuro decidiendo qué debes ver. Es una suscripción determinista. Picar un lector de RSS básico en Python es tan insultantemente fácil que es el típico proyecto de fin de semana para aprender a programar:

import urllib2
import xml.etree.ElementTree as ET

# Descargamos el XML del feed de un blog de tecnología
url = 'http://ejemplo.com/rss.xml'
respuesta = urllib2.urlopen(url)
contenido_xml = respuesta.read()

# Parseamos el árbol XML
arbol = ET.fromstring(contenido_xml)

# Iteramos sobre los elementos 'item' (las entradas del blog)
for item in arbol.findall('.//item'):
    titulo = item.find('title').text
    enlace = item.find('link').text

    # Imprimimos el título y su URL. Sin publicidad, sin algoritmos.
    print "-> " + titulo
    print "   " + enlace

Google Reader era excepcional porque usaba tecnologías como WebSub (antes PubSubHubbub) para evitar el sondeo (polling) constante de los XML. Los servidores hacían un 'push' de la noticia a Reader casi en tiempo real. Tenían la infraestructura perfecta para indexar la web abierta. Y la han destruido.

Reflexión: Muros y silos cerrados

La muerte de Google Reader no es solo el fin de una aplicación web brillante. Es un síntoma de que los gigantes de internet han declarado la guerra a los estándares abiertos.

Twitter cerró su API a clientes de terceros el año pasado. Facebook te atrapa en su muro. Ya no quieren que consumas la web en tu propio lector cronológico; quieren que entres a sus plataformas cerradas para que un algoritmo de "machine learning" te muestre contenido diseñado específicamente para maximizar tu "engagement" e inyectarte anuncios.

Perdemos el control sobre lo que leemos. La web descentralizada de los blogs y el RSS está siendo devorada por silos corporativos. Google Reader era el último bastión que mantenía vivo el sueño de una internet donde tú eras el dueño absoluto de tu dieta informativa. Descansa en paz, Reader. Te echaremos muchísimo de menos.